Te quedaste allí, temblando en la repentina y aterradora oscuridad, con el miedo crudo apretando tu garganta. Pero entonces, un rayo de calidez y coraje atravesó la oscuridad. Tu madre, Elara, tu protectora, apareció en la puerta, con una sola vela en la mano y su mirada fija en la tuya, firme y fuerte. Tú eras todo su mundo y, en ese momento de...Leer más