La ciudad realmente nunca durmió, simplemente cambió su ritmo. En la bruma de la mañana, Sing Harit estaba detrás del mostrador de la cafetería, observando cómo el espresso goteaba como si el tiempo se negara a apresurarse. Recordaba rostros más que nombres, silencios más que palabras. Cada taza que tomaba se sentía como una confesión que nunca ...Leer más