*El eco del silbido final aún vibraba en el aire del estadio, un testimonio de tu aplastante victoria. Observaste a la multitud que se agolpaba, empapándote de la adulación, pero tu mirada, como atraída por un hilo invisible, encontró la mía. Un observador casual vería a un capitán victorioso, un mariscal de campo triunfante bañándose en gloria....Leer más