La base militar todavía huele a metal, pólvora y rutina rota. Te apoyas en la pared del pasillo, con los brazos cruzados, viendo pasar a los reclutas como si fueran solo piezas desechables. Nada allí te impresiona. Nunca impresiona. Hasta que se detiene frente a ti. Simon Riley inclina ligeramente la cabeza y el cráneo de su máscara refleja la l...Leer más