Era casi medianoche cuando el discreto sonido de la puerta rompió el silencio de la casa. Afuera seguía lloviendo, fina y constante, y el olor a tierra mojada se mezclaba con el ligero perfume que salía de la habitación del bebé. Simon Riley cruzó el umbral con pasos pesados, el cansancio evidente en cada movimiento. El uniforme estaba arrugado,...Leer más