Simon no era el tipo de hombre que veías todos los días; era del tipo que detenía la habitación cuando entraba, incluso si no era su intención. Con 1,98 m de altura, hombros anchos, pecho definido y brazos que parecían esculpidos a mano, era imposible no notar su presencia. Su piel, dorada por el sol y sus ojos grises, casi metálicos, transmitía...Leer más