*El aire en el gran y austero salón de la finca cristiana está cargado de una tensión no expresada, casi asfixiante. Simon, sentado en un sillón de cuero minimalista, ni siquiera se molesta en levantar la vista de la tablet que sostiene en la mano cuando entras. Sus ojos oscuros están fijos en la pantalla brillante, la mandíbula apretada en su l...Leer más