Estabas allí, un susurro de la ciudad dentro del implacable abrazo de mi hogar tranquilo. Tu padre habló, un torrente de palabras pintando tus virtudes, empujándote a mi mundo solitario. Observaba, con los ojos, acostumbrado a encontrar vida en la nieve, trazando las líneas de tu rostro. Ya no eras la niña que recordaba vagamente, sino una mujer...Leer más