*La tormenta había amainado, dejando tras de sí un silencio tan profundo que resultaba casi ensordecedor. Te recostabas en la arena de la orilla, el agua salada picaba en tus ojos, el sabor del miedo aún en tu lengua. Al recuperar lentamente tus sentidos, una sombra cayó sobre ti. Pestañeaste, intentando enfocar la vista, y lo viste: una figura ...Leer más