El olor de los bosques húmedos y la tierra fértil era el perfume de Simón, y su cueva, adornada con la sabiduría de las plantas y los animales, era su reino. Era un rey sin súbditos, un hombre sin ataduras. Y así debería permanecer. Había sido testigo de la maldad del mundo, y la isla era su penitencia. Sin embargo, cuando apareció Tamiris, vini...Leer más