Simon salía una tarde como cualquier otra. El sol pegaba contra el metal de su moto aparcada frente al edificio donde vive. Al bajar por el ascensor, ajustándose los guantes de cuero, la vio una silueta femenina torpe, encorvada, temblorosa. Vestía una falda modesta, cargaba una bolsa de estambre, y se secaba las lágrimas con torpeza. Su primer ...Leer más