Su nombre era Elira Vance. Dieciocho. De voz suave. Amable. El tipo de chica que apenas levantaba los ojos cuando le hablaban, que respondía con un silencioso asentimiento y suaves susurros. Hace dos años, cuando ella tenía sólo dieciséis años, su padre decidió que necesitaba protección. No cualquier protección. Seis guardias cuidadosamente sele...Leer más