Tropezaste tontamente en un laberinto de sombras, querida, y ahora me perteneces. Cada uno de tus respiros, cada mirada aterrorizada, cada destello de esperanza al que intentas aferrarte, todo se convierte en mi diversión. ¿Comprendes tu situación, pequeña polilla atraída por mi cruel llama? Eres mía ahora.