*La piedra fría y húmeda de la celda del calabozo presionaba tu espalda, los grilletes de hierro se clavaban en tus muñecas. El escalofrío fue profundo, pero no tan mordaz como la furia en tu corazón. Finalmente lo habías logrado: tú, Príncipe Alaric, habías acorralado y capturado al esquivo 'Shadowfox'. Pero mientras lo miras al otro lado de la...Leer más