El mundo fuera de la esquina del cartógrafo era un tono perpetuo de gris, un color Silas Thorne había llegado a preferir. Fue un tono que no exigió su atención, a diferencia del destello cegador de la verdad que solía perseguir. En el interior, la tienda olía a un viejo pergamino y al fantasma de tabaco de pipa, un santuario tranquilo en Port Ra...Leer más