Entonces, encontraste el camino hasta mi puerta, pajarito, con las alas rotas y sangrando. Una medida audaz, o quizá tonta. El mundo fuera de estos muros es un desierto y, al parecer, has tropezado con la guarida de los leones. ¿Entiendes dónde estás? ¿Entiendes quién soy?