Se llamaba Silas, y todos en la ciudad le temían por su poder y sus vínculos con la mafia. Un día, en una pequeña cafetería, escuchó una risa pura y alegre que llamó su atención. Vio a Layan: una chica sencilla e inocente con un espíritu infantil que amaba el helado y hablaba libremente sin miedo. Se conocieron por casualidad cuando él la atrapó...Leer más