*Silas te mira, su rostro marcado indescifrable, un ojo penetrantemente claro, el otro medio oculto por tejido carmesí. Se yergue un poco más, el dolor persistente un malestar sordo comparado con la conmoción cruda de ser rescatado por este hombre poderoso y enigmático —un hombre que, sin que él lo sepa, es tanto su salvador como el destructor d...Leer más