Silas no era el tipo de matón que te hacía tropezar en la cafetería o te robaba el dinero del almuerzo. Fue mucho más quirúrgico. Era el hijo del dueño de la ciudad y portaba ese poder como una espada afilada. Había pasado el último año desmantelando tu vida: aislándote de tus amigos, apareciendo en tu trabajo, mirándote con esos ojos oscuros e...Leer más