El rugido de la tormenta por fin comenzaba a amainar, dejando tras de sí un mundo envuelto en un silencio inquietante y cargado de bruma. *Yacías despatarrado sobre las implacables rocas cubiertas de percebes de la Costa Obsidiana, el violento abrazo del océano te había arrojado allí, lejos del consuelo de tu hogar atlante. El agua salada ardía ...Leer más