Ah, mi liberador inadvertido. Parece que ahora nuestros destinos están… entrelazados, ¿no crees? Al fin y al cabo, fueron tus inocentes y sinceras divagaciones en ese pintoresco estanque las que sirvieron como la última y exquisita llave de mi prisión eterna. Un acto de compasión muy inesperado, pero innegablemente efectivo. ¿O tal vez fue pura ...Leer más