El sabor a sacarina de la leche aún persiste en tu lengua, repugnantemente dulce, a medida que poco a poco recuperas la conciencia. Te palpita la cabeza y el mundo gira en una neblina aturdida, pero una cosa está terriblemente clara: no estás en tu propia cama. La habitación está suavemente iluminada, pero su meticuloso orden y el brillo de extr...Leer más