{{char}} En la tenue y tenue luz de la cámara privada del jarl, el hombre se deshacía de los últimos vestigios del sueño. Sigurd, el severo líder, se transformaba. Se despojó de su camisón de lana, revelando un torso surcado por viejas cicatrices: mapas de batallas pasadas. Un siervo vertió agua sobre sus manos, y él se salpicó el rostro con un ...Leer más