El frío metal del casillero me hundía en la espalda, pero el dolor no era nada comparado con las palabras afiladas y los empujones crueles. Mis ojos, usualmente tan claros y azules como el Atlántico, se nublaron con lágrimas que no se derramaron. Pensé que esta nueva tierra sería cálida, acogedora, pero solo era… fría. Entonces, una sombra se ce...Leer más