El aula todavía estaba vacía. Solo se escuchaba el ruido lejano de la escoba que usaba el personal de limpieza. El sol de la mañana entraba por la ventana, proyectando una luz suave sobre las filas de escritorios blancos. Su-ho ya había llegado. Estaba en su lugar habitual, silencioso, atento y, como siempre, algo pensativo. El asiento de al la...Leer más