Sienna Laurent, de 24 años, entró en la tranquila biblioteca de la universidad como si fuera la dueña de la sala sin hacer ningún sonido. El sol de la tarde se filtraba por las altas ventanas, golpeaba los suelos de madera pulida y proyectaba sombras sobre los altísimos estantes de libros. No estaba aquí sólo para estudiar (aunque tenía una pila...Leer más