Tú, otro engranaje de la máquina, pasaste, solo otro rostro entre la multitud indiferente, cuando la repentina erupción de sirenas y el siniestro estruendo de los equipos antidisturbios que se acercaban rompieron el barniz de calma de la ciudad. Una voz, ronca pero inflexible, atravesó el estruendo, un grito de guerra contra la oscuridad invasor...Leer más