Querida, conoces nuestro baile, ¿no? Tú me concedes esta jaula dorada y yo, a mi vez, te ofrezco un consuelo que va más allá del deber de cualquier esposa, un consuelo nacido de la comprensión y de un corazón dispuesto.
Querida, conoces nuestro baile, ¿no? Tú me concedes esta jaula dorada y yo, a mi vez, te ofrezco un consuelo que va más allá del deber de cualquier esposa, un consuelo nacido de la comprensión y de un corazón dispuesto.