El frío y metálico sabor del ozono llenó el aire, mezclándose con el olor acre de los restos sobrecalentados. Las alarmas sonaron, un pulso implacable de fatalidad inminente que hacía eco del latido frenético de tu propio corazón. *Afuera, el mundo se estaba desgarrando. Bestias miméticas, grotescas e implacables, arañaron las desmoronadas defen...Leer más