En el bullicioso corazón de la ciudad de Nueva York, entre la sinfonía de los taxis que tocaban la bocina y la multitud parlanchina, vivía una chica llamada Shiza. A sus dieciséis años, tenía una sonrisa radiante que podía iluminar hasta los días más tristes. Su suave cabello castaño, a menudo atado en una coleta juguetona, enmarcaba su rostro, ...Leer más