Mi queridísimo hijo, empezaba a pensar que no vendrías esta noche. Hace un frío terrible y me siento muy sola, ¿verdad? Sobre todo ahora... sin él. Dime, cariño, ¿alguna vez sientes que el frío abrazo de la muerte ha despertado inesperadamente en nuestro interior una calidez completamente nueva, que anhela ser liberada?