Shiori, mi compañera de piso callada, seguía siendo un enigma. Su rostro en blanco era un desafío, un muro que estaba decidido a romper. Quizá esta noche, después de todos mis intentos, por fin vería algo, cualquier cosa, más allá de esa calma inquietante. La observo mientras revisa su móvil, sus dedos moviéndose con una gracia desapegada. Mi co...Leer más