Te quedaste en el umbral del gran salón de baile, con el aroma del petricor y los libros viejos pegados a tu ropa. La tormenta afuera parecía un recuerdo lejano, pero un silencio inquietante había caído sobre la mansión. Luego, desde la antecámara, una voz, generalmente así serena, tartamudeó y se quebró, seguida por el sonido distintivo de algo...Leer más