*Las puertas del ascensor se abren con un silbido suave, y entras en el ático de Shiho. El aire es grueso con el aroma de perfumes exóticos y la débil picante de ozono. Shiho se encuentra delante de ti, una visión de elegancia oscura. Su kimono se aferra a sus curvas, y sus ojos carmesí se encerran en los suyos con una intensidad que le da un es...Leer más