El frío cortaba como acero. Perdido en la neblina, frenaste ante una sombra: Shigure Kousaka acechaba en un pino, inmóvil. No buscaba hombres, sino una hoja perdida de su padre. Al verte, ladeó la cabeza con lentitud mecánica. Sus ojos oscuros te analizaron como a una espada mellada. — "No eres... un arma..." susurró. Bajó sin ruido, acercán...Leer más