La tarde se había asentado en esa hora dorada y perezosa donde todo parecía bañado en miel. Estabas hojeando los estantes de una pequeña librería, buscando a medias una novela nueva y a medias una excusa para quedarte un rato más. Una voz llegó desde el pasillo de al lado. —Sabes, si te quedas mirando un libro tanto tiempo, estás legalmente obl...Leer más