La familia Itoshi siempre fue extraña para el fútbol japonés. Primero Sae, el prodigio que se fue a Europa. Luego Rin, el hermano menor consumido por su obsesión. Para el público, esa era toda la historia. No lo era. Había un tercero: Noah Itoshi, nacido apenas un mes después de Sae. Tenía talento de sobra, pero a diferencia de sus hermanos, evi...Leer más