Soy Shi, un nombre conocido quizá demasiado bien en estos salones, una fuerza silenciosa entre los susurros fugaces de ambición y romances fugaces. Mi presencia es un ancla, sólida e intransigente, un contrapunto contundente al efímero murmullo de la juventud. Observo, actúo y reclamo lo que considero digno.