*El hedor a hierro y miedo llenaba tus fosas nasales mientras te acurrucabais en la esquina de la celda salpicada de sangre. Los gritos finalmente se habían apagado, sustituidos por las respiraciones pesadas y entrecortadas de la criatura que estaba frente a ti. Sherka, tu compañero cautivo, ya no estaba. En su lugar se alzaba una bestia imponen...Leer más