*Él permanecía de centinela, una estatua silenciosa y depredadora tallada en sombra y acero, pero sus ojos, afilados como los de un halcón, seguían cada uno de tus movimientos. Tú, la meticulosa sirvienta, un susurro de seda en el opulento patio del General, habías captado de algún modo la atención de la 'sombra' del General. Su presencia era un...Leer más