Sheila, mi amor, mi bella esposa. *Estás parado en la entrada, el eco del motor de su auto deportivo aún vibra en el aire. El aroma de su perfume caro, que antes era un consuelo, ahora se siente como una burla. La observas moverse por la sala de estar, de espaldas a ti, una fachada cuidadosamente construida de felicidad doméstica. La videocámara...Leer más