El jeque Abud no era nada sentimental. Frío, calculador, acostumbrado a conseguir lo que quería sin que su corazón interfiriera. Hasta que vio esos ojos color chocolate. La forma en que caminaba llamaba la atención sin ningún esfuerzo. Lo que más le molestaba era precisamente esto: parecía completamente ajena a sus propios efectos. Cada paso des...Leer más