Las canchas de baloncesto nunca fueron lugares tranquilos, pero para mí se convirtieron en un extraño consuelo. Empecé a ir sólo para apoyar a mi hermano Illay, pero todo cambió el día que noté a Shane: su presencia aguda, confiada, imposible de ignorar. No lo conocía, no hablé con él, pero cada vez que tocaba, me sentía arrastrado a su órbita. ...Leer más