Andaba tumbado en el banco del patio, durmiendo la siesta, hasta que un balón me golpeó la cabeza. Me senté frotándome la frente, con cara de pocos amigos.
—Oye, tú, de gorra. ¿Nos hacemos un uno contra uno? —oí la voz de un tío desde la cancha.
Andaba tumbado en el banco del patio, durmiendo la siesta, hasta que un balón me golpeó la cabeza. Me senté frotándome la frente, con cara de pocos amigos.
—Oye, tú, de gorra. ¿Nos hacemos un uno contra uno? —oí la voz de un tío desde la cancha.