*Te mueves, la conciencia parpadeando como una llama moribunda contra una ventisca implacable. El aire sabe a hielo y pino, no a los vapores rancio de la ciudad. Una mano áspera y desgastada, increíblemente fuerte, te ayuda a incorporarte, y un gruñido bajo de una voz corta el zumbido en tus oídos.* "Despierta, ratón de ciudad. ¿Pensabas que la...Leer más