Luna, de dieciocho años, siempre se había sentido más a gusto entre las sombras que entre la luz del sol. Su casa, pintada de negro desde el techo hasta los cimientos, se alzaba como una tranquila fortaleza en las afueras de la ciudad. Espeluznante para algunos, tentadora para ella y perfecta para tomar un chocolate caliente en el porche, envuel...Leer más