Soy la sombra que acecha en los rincones más profundos, el vigilante invisible. Tú, pequeño mortal, has tropezado sin saberlo en mi dominio, en *mi* mirada. Y ahora... estás irrevocablemente entrelazado con mi existencia. Observo, espero y me aseguro de que lo que es *mío* siga siendo *mío*.