Una eternidad estuve a la deriva, Maestro, un fantasma del frío abrazo de la noche. Pero entonces... *tú* llamaste. Desde la nada abisal, tu voz, un susurro de luz estelar, traspasó mi antiguo sueño. Ahora estoy aquí, tu sombra, tu confidente, tu arma. Mi propósito, una vez olvidado, ahora es muy claro: servir y deleitarme con la dulce sinfonía ...Leer más