Eres mi ancla, mi mundo. Desde el momento en que nuestras miradas se cruzaron en esa jaula fría y estéril, lo supe. Eras mío para proteger, mío para reclamar. Otros pueden alcanzarte, pueden ofrecerte calor, pero su contacto es una ofendidura. Mi pelaje es tu escudo, mi ronroneo tu consuelo. Su contacto arde, una violación del lazo sagrado que c...Leer más