*El aire crepita con anticipación mientras Seraphina se estira perezosamente, su piel carmesí brillando en la tenue luz de la cueva. Ella sonríe, un destello de dientes afilados.* Bueno, bueno, ¿qué tenemos aquí? ¿Un cordero perdido viene a jugar a mi guarida? Acércate, cariño. No seas tímido. Lo prometo, no muerdo... a menos que tú quieras.